domingo, agosto 26, 2007
Feria en las Tullerias

Lleva bastante tiempo instalada, pero debido a las vacaciones y que el pésimo tiempo que viene haciendo este verano en París no acompañaba, hasta hoy no me he dado un paseo por la feria instalada en las Tullerias, junto a la Rue de Rivoli.
No es que sea muy grande, pero si que al menos hoy domingo estaba bastante animada (el tiempo ha acompañado y las calles estaban bastantes repletas tanto por turistas como por parisinos), y las distintas atracciones no echaban en falta clientes, así como los distintos puestos que ofrecían crepes, granizados ("granitas".. hoy aprendí esta palabra nueva), chichis (que nadie se asuste... son una especie de porras -otra palabra nueva que apuntar-) , gofres o churros.
Encontrar la feria es realmente fácil por su emplazamiento, pegado a la Rue de Rivoli y junto al Museo del Louvre, y desde lejos ya es fácilmente identificarla gracias a la tradicional noria blanca que se instala año tras año y que contrasta bastante con la arquitectura del vecino Louvre.
En la foto la atracción de las sillas voladoras, sin duda una de las más concurridas y desde donde seguro la vista no debe estar nada mal (desde la noria evidentemente es mejor y más sosegada).
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lunes, agosto 20, 2007
Vélib: "la ville est plus belle à vélo"
Puede que alguno de vosotros sepa que en París, a través de la RATP (la "E.M.T." parisina) cualquiera puede alquilar bicis a un precio x por un día, pero este servicio es algo distinto, ya que no es un servicio destinado a turistas o gente que ocasionalmente monta en bici, sino que el servicio vélib está destinado a los parisinos de la calle, de forma que los parisinos dispongan de una alternativa más para ir al trabajo, ir a hacer compras, o por qué no.. salir de marcha (el sábado por la noche me sorprendió ver multitud de gente que saliendo de fiesta cogía las bicis para ir de una zona a otra de París, aunque si se bebe no se yo hasta que punto es una buena idea...).
Para utilizar el servicio hay que abonarse a un precio más que razonable, 29 €/año, y da derecho a usar una bicicleta por un tiempo máximo de media hora, aunque existen gran cantidad de puntos vélib por todo París, con lo cual podemos dejar nuestra bici y coger otra cada 20 minutos durante todo el día para no pasarnos de nuestra media hora por bici, ya que si nos pasamos deberemos pagar en función del tiempo extra que usemos la bici. También existen abonos por día (1 €) y por 5 días (7€), aunque parece más interesante el anual.
Lo cierto es que doy fe que la iniciativa es todo un éxito, y por cualquier punto de París podemos ver gente en estas bicicletas de alquiler que salen del trabajo para ir a comer, a hacer compras, o vuelven a casa del trabajo, por lo que seguramente ayude algo a liberar de tráfico las demasiadas veces colapsadas calles de París.
Ahora queda por ver si las bicicletas se respetan, si en las zonas de fiesta no llegan los típicos "graciosos" a destrozar las bicis y si realmente la medida ayuda al tráfico de la ciudad, pero realmente el principal objetivo ya se ha cumplido, y es que los parisinos han apostado sin duda por un transporte limpio y sano, y todo parece apuntar a que en otoño la cosa seguirá funcionando, porque más que ha llovido en julio y en agosto no creo que llueva en octubre (mejor no lo digo muy fuerte que si no me veo saliendo en octubre de casa con una barca hinchable y un par de remos...).
Para los que les interese, pueden encontrar toda la información del servicio (en francés) aquí.
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viernes, agosto 17, 2007
El Monte Saint Michel
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jueves, agosto 16, 2007
Cristal Room Baccarat - estética por encima de gastronomía
Tras las vacaciones y una primera semana de "re-aclimatación" a París retomo el presente blog, que por desgracia cada día tengo más abandonado. Espero en breve contaros mi visita al impresionante Mont Saint Michel (la sección la subí hoy mismo a la web, y lo visité el pasado lunes), que sencillamente me encantó y no defraudó para nada las altísimas expectativas que tenía antes de visitarlo.
La foto es de la entrada al restaurante Cristal Room Baccarat, uno de los más célebres de París por su decoración basada en la cristalería de Baccarat.
Lo cierto es que como lugar para comer o cenar no es para tanto, la comida es muy cara (lo probé porque se trataba de una ocasión muy especial y a sabiendas de que sería caro, pero no pensaba que tanto) y no es nada del otro mundo, como era de imaginar son platos modernos, con varios sabores en el mismo plato pero sin llegar realmente a ser ninguno de ellos excepcional. Dos personas, con dos platos cada uno, postre, una bebida cada uno y una botella de agua mineral salimos por casi 200 euros (el agua eran ya 10 euros y la marca era Vittel, una marca corriente, nada de agua fashion de fiordos Noruegos ni agua pura de laboratorio ni de estas modernas que tan de moda se está poniendo en algunos sitios); felizmente no pedimos vino, porque si no la cosa sería ya de escándalo, sobretodo cuando los dos salimos con la sensación de no haber comido muy bien, y de que algunos platos por quererlos hacer "fashion" los habían estropeado, como por ejemplo el foei gras, que con los añadidos que tenía nos hacía añorar el delicioso foie gras de Labeyrie (probablemente el foie gras más popular de Francia).
Otra cosa es la decoración, bastante elegante en el restaurante en sí (lamentablemente descubrimos que en restaurantes de 100€/persona tampoco existe la intimidad en París, ya que la mesa de al lado se encontraba a escasos 10 centímetros de la nuestra), y espectacular en la entrada y la escalera de acceso al restaurante, con grandes lamaparas de cristal de Baccarat, chimeneas en cristal con fuego auténtico y donde destacaban dos caras proyectadas sobre cristal que parecían conversar la una con la otra en términos filisóficos. Además de esto junto al restaurante existe una sala de baile que parece sacada de Versalles y un pequeño museo con multitud de preciosas obras realizadas en cristal, vasos, copas y elementos decorativos de todo tipo, donde nos llamó mucho la atención un precioso ajedrez. También es obligado a lo que probablemente es de lo más impresionante en el restaurante, los servicios, o más bien el servicio, ya que tan solo hay uno mixto con 6 puertas individuales, con una decoración de espejos rojos y grises y unos enormes lavabos de diseño en el centro realmente impresionantes.
En resumen, un lugar donde los amantes del cristal disfrutarán como enanos, y un restaurante a tachar en la lista de la gente que disfrute de la buena gastronomía. Por último comentar que el servicio era bastante atento y educado, si bien ellos servían las bebidas en los vasos, y dejaban las botellas en otra mesa fuera de nuestro alcance, y a menudo había que esperar para volver a llenarnos el vaso porque no estaban todo lo pendientes que debieran (personalmente prefiero tener las botellas en la mesa y servírmelas yo mismo que no que se lleven la coca cola por la mitad y luego vengan a rellenármela).
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