jueves, marzo 27, 2008

 

El Aquarium de Trocadero



Bueno, como ya anticipé en el anterior post, el siguiente (este) sería sobre el Aquarium de Trocadero, un histórico acuario que tras cerrar sus puertas durante varios años abrió de nuevo sus puertas el año pasado par convertirse en una atracción más de París.

El Aquarium se encuentra a la izquierda según bajamos del Trocadero hacia la Torre Eiffel, y lo cierto es que se echa de menos alguna indicación, ya que no es un edificio, sino que se encuentra bajo tierra y la entrada la tiene en un parquecito, así que no es muy visible desde el típico paseo entre la Torre de Eiffel y Trocadero a pesar de encontrarse justo al lado.

La visita comienza con un repaso por la fauna del Sena, truchas, carpas y algunos peces de estuario, son los peces menos espectaculares pero tal vez la parte más curiosa del recorrido, especialmente para los parisinos. Luego.. pues como no podía ser de otra forma acuarios.. muchos acuarios, y sobretodo muchos mini-cines con proyecciones de reportajes marinos, de otros no marinos pero que tienen que ver con la naturaleza, y de alguna película de dibujos animados que no se muy bien qué pintaba allí, la verdad.

Siguiendo el recorrido y llegando al final, nos encontramos con el acuario estrella, el de los tiburones, un inmenso acuario con diversas especies donde destacan los temidos "requins", aunque todo hay que decirlo, tampoco son demasiado grandes y aunque imponen respeto no nos recuerdan demasiado al temido tiburón blanco de Spielberg.

Por último, el aquarium de Trocadero nos permite tener un experiencia única, acariciar a los peces. Esto se hace en un acuario que tiene unos 40-50 cm de profundidad (el de la foto que acompaña al post) y donde al meter la mano en el agua las carpas de colores (evidentemente no hay ningún tiburón ni piraña en este acuario) y algún siluro de un tamaño considerable, como un metro más o menos, se nos acercarán "para que les acariciemos". El truco... no es que a los peces les guste que les acariciemos, sino que estos peces son alimentados a la mano, con lo cual al meter la mano en el agua se acercan para intentar comer de ellas.

A destacar que en el interior del Aquarium hay un prestigioso restaurante japonés, Ozu, así que si a alguien le entra el hambre puede deleitarse con los que dicen son de los mejores sushis de París, aunque será inevitable pensar que nos estamos comiendo algún pececillo que habitó en el aquarium o que nos estamos comiendo al protagonista de "Nemo".

En resumen, una agradable visita, algo cara para mi opinión (más de 20€), pero que si viene incluida en alguna carta de museos no debemos dejar de hacerla, sobretodo porque pilla de paso dada su situación entre el Trocadero y la Torre Eiffel. También señalar, que al menos a los habitantes de Madrid y Valencia la visita no les impresionará demasiado, ya que tanto el zoo de Madrid como el Oceonagráfico de Valencia tienen instalaciones más completas (ignoro si en alguna otra ciudad española hay grandes aquariums de estas características).

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